domingo, 3 de enero de 2010

El giro postmoderno en la ciencia

En la era de los absolutos, si hubo algo que realmente existiera, definitivamente es algo que ha pasado de moda permanentemente.

John L. Casti, Matemático.

La lógica de la vida es el cambio continuo, el movimiento continuo, la continua evolución.

Lee Smolin, Físico.

Estamos ahora en la era postmoderna en donde las cosas están comenzando a ocurrir de manera diferente, y antes de tiempo.

Brian Goodwin, Biólogo.


La ciencia y la tecnología han sido durante mucho tiempo los principios que organizan las fuerzas de la vida cotidiana, impulsando la revolución industrial y la postindustrial que han transformado dramáticamente a la sociedad mientras entramos al Tercer Milenio. Una reorganización muy profunda de la vida comenzó en la década de los 1830´s con al comienzo de la electrotecnología, lo que nos llevó a realizar el primer telégrafo trasatlántico en 1866 (Klemm 1964). El telégrafo, decisivo e importantísimo para la modernidad y la “abolición del tiempo y el espacio” (Czitrom 1982), es el fundamento para un sistema mundial de telecomunicaciones y de un mercado mundial que culminaría en una tecnocultura y una “sociedad red” (capítulo 5). Ya en el siglo XIX la electrificación produjo casas con luz, ciudades iluminadas y la proliferación de muchísimas aplicaciones eléctricas caseras como teléfonos, refrigeradores, estufas, aspiradoras y lavadoras (Buchanan 1992). La radio, la televisión, el cable, la comunicación satelital, las tecnologías de computación-información han creado la infraestructura para los negocios, las comunicaciones y los sistemas de entretenimiento que han producido una nueva economía, una nueva sociedad, una nueva cultura y una nueva vida cotidiana (Schiller 1999).

La explosiva co-construcción de la ciencia y la tecnología ocurrió como una dinámica coevolutiva junto con el capitalismo y el aparato militar. Las tecnologías de comunicación se desarrollaron significativamente durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Los avances en computadoras, junto con el armamento y la administración militar, engendró las emergentes ciencias de la información y los nuevos paradigmas en la neuropsicología (la computadora como cerebro, el cerebro como computadora). La co-construcción de la ciencia y la tecnología durante la guerra también produjo nuevos modelos para el “control” de los mundos natural y social. Tratando de resolver problemas difíciles en la balística y con el objetivo de separar las variables como la velocidad y la trayectoria de los aviones y tratando de reducir la incertidumbre a los blancos a bombardear, Norbert Weiner, John von Newman, Alan Turing, entre otros, crearon la cibernética y la teoría general de sistemas, organizadas alrededor de la comunicación y los sistemas de retroalimentación. De manera similar, los investigadores del Instituto Randal realizaron modelos de teoría de juegos para desarrollar estrategias para ganar batallas nucleares. El Proyecto Manhattan reunió a las mejores mentes del mundo para producir armas atómicas. Corporaciones como General Electric tuvieron enormes ganancias de la comercialización de armas nucleares e infraestructura militar, mientras que los Estados Unidos se abría paso en el mercado mundial de armas, lo cual se volvió uno de los principales estimulantes del crecimiento económico de la nación.

Durante la Guerra Fría, la ciencia corporativa, militar y la pagada por el estado, alcanzaron nuevas alturas ayudando a producir una tecnociencia en donde la ciencia “pura” está íntimamente ligada a sus aplicaciones prácticas así como los avances tecnológicos engendran nuevos dominios de investigación científica . El producto de una implosión entre el capitalismo, lo militar, la ciencia, la tecnología y la tecnociencia genera una tecnocultura organizada alrededor de la razón instrumental  y la creación de una nueva sociedad y cultura “artificial”. La tecnociencia ha ayudado a generar un mundo de cristal, acero, plástico, supercarreteras, fibras sintéticas, gadgets  y nuevas formas de cultura como el ciberespacio y la realidad virtual (RV), así como también ha creado formas de vida genéticamente ingeniadas (clonación, ingeniería genética, transgénicos, híbridos animal-humano-vegetal) y reconstruido “lo natural” en sí mismo. La tecnociencia de esta manera crea un exceso de productos industriales y caseros, forma la infraestructura para las transformaciones biotécnicas, mediáticas y cibernéticas de nuestra era y finalmente contribuye enormemente a la construcción de mundos sociales y naturales que cambian rápidamente. En los mundos de Donna Haraway la tecnociencia es “una forma de matriz en donde se entrecruzan la vida, la práctica y la cultura. Configurar la tecnociencia es un juego de grandes intereses” (1997: 50). Consecuentemente el proyecto genera debates, luchas y resistencia.

Desde los albores del colonialismo, el capitalismo, la ciencia y la tecnología han interactuado y coevolucionado de maneras complejas. Han creado una configuración social única, una modernidad organizada alrededor de las ganancias, los imperativos del crecimiento, la ingeniería, las maravillas arquitectónicas, las visiones mecánicas del universo y las identidades postanimísticas en un mundo “desencantado” regido por la razón instrumental y el valor de cambio (todo tiene un precio). Arraigada en el cambio constante, la aventura moderna se fue desarrollando a una velocidad muy rápida pero normalmente sin un sentido inteligente, sin planes o sin mapas. La aventura postmoderna es la continuación de las dinámicas vitales de la modernidad, generalmente hasta el punto de construir rompimientos radicales en la naturaleza, la sociedad, el pensamiento y la experiencia.

De esta manera la aventura postmoderna implica tanto continuidades como discontinuidades con la aventura moderna. En medio de este nuevo delirio por el cambio y las novedades abundantes, las antiguas patologías de dominación sobre la naturaleza le siguen el paso. El reduccionismo continúa su dominio en la mentalidad de la tecnociencia y la comercialización de su forma estructural. Hoy en día, comparado con el tiempo en que Karl mar escribió El Capital en 1860, el capitalismo ha comercializado aún más dimensiones de la naturaleza, de la sociedad y del cuerpo (desde el DNA robado y la “biopiratería” hasta riñones en subasta en la página de Internet de eBay). En este proceso se ha creado una densa red económica, la cual Adam Smith y Karl Marx únicamente vieron sus primeros resplandores. Como su predecesora, la aventura postmoderna tiene sus problemas para sobrepasar todos los límites conocidos, subvirtiendo divisiones como la tipología animal. De la misma manera se burla de las “leyes” creadas por la ciencia moderna, configura sus teorías del conocimiento y nos guía a una supuesta “era de control biológico” (Wilmut et al. 2000). Al mismo tiempo, sin embargo, las teorías postmodernas reconstructivas sitúan a la ciencia en un contexto social, político, ético y ecológico con la esperanza de transformar a la ciencia y a la tecnología en un poder progresivo para la emancipación y la liberación humana.

El telescopio y el microscopio fueron inventados casi simultáneamente en el siglo XVII, permitiendo a la ciencia perseguir campos no explorados de las macro y microdimensiones del universo.  Así mismo impresionantes innovaciones se han desarrollado en el siglo XX. La tecnociencia ha dado saltos cuánticos en las nuevas esferas micro y macrodimensionales. Los científicos han explorado los límites de la galaxia y más allá a través de imágenes por satélite y han enviado naves tripuladas y no tripuladas a la luna y marte. Al mismo tiempo, la tecnociencia a comenzado a estudiar las partículas atómicas, separar átomos, secuenciar genes, crear microchips, desarrollar “máquinas moleculares” de nanotecnología, a unir el DNA de especies totalmente diferentes y a clonar especies animales y vegetales (así como protoembriones o células madre de humanos). Mientras la ciencia ha probado ir más allá delos límites de la galaxia, ir más adentro de las estructuras de los átomos, los genes y los chips, los dioses de la ciencia, la tecnología y el capital están generando una tecnocultura en donde las identidades humanas y la vida cotidiana son definidas por la ciencia. Al mismo tiempo los límites entre la tecnología y la biología, lo artificial y lo natural. Las máquinas y los humanos, lo orgánico y lo inorgánico, lo natural y lo social son retrabajados, reconfigurados y repensados (capítulos 4 y 5).

Es de esta manera que mientras la modernidad multiplicó la diferenciación social en la cual la economía, la política, la cultura y campos como la ciencia y la tecnología poseían su propia lógica (Max Weber interpretado por Habermas 1984, 1987), la aventura postmoderna produce el colapso entre estos límites y provoca la coevolución y la co-contstrucción de esos dominios que antes se encontraban separados. La aventura moderna exhibió una separación entre el sistema (económico y técnico) y el mundo cotidiano (social), para usar de nuevo el lenguaje de Habermas. En contraste la aventura postmoderna está marcada por la co-construcción de la ciencia, la tecnología, el capital, la milicia y la sociedad en las cuales las fuerzas que alguna vez estuvieron relativamente fuera del mundo cotidiano (por ejemplo la ciencia, la tecnología y el mercado) ahora penetran en el centro de nuestra existencia.

Hoy en día se presentan y se configuran cambios de paradigmas en otras áreas como la filosofía y las artes, las ciencias están tomando un giro postmoderno y están produciendo nuevas formas de entender el mundo y nuevas sensibilidades, cambios de paradigma que han creado conceptos diferentes incluso sobre los objetivos de la ciencia. Filósofos y científicos influidos por la podmodernidad atacan (en parte o en todo) los paradigmas modernos del mecanicismo, reduccionismo, realismo, determinismo y positivismo, todo esto junto con las metodologías duales, la compartamentalización del conocimiento y la mentalidad de “dominio sobre la naturaleza”. Esto lo hacen, sin embargo, no para deshacerse de los conceptos o los métodos modernos, sino para tratar de reconstruirlos y crear bases más fuertes. De esta manera el lugar de las nociones clásicas como leyes, causalidad, orden, verdad, mecanismo y objetividad son desarrolladas en nuevos discursos que incluyen términos como indeterminación, perspectiva, caos, complejidad, autoorganización, hermenéuticas y conocimiento multicultural.

Avances en el proyecto moderno de un mapa matemático y cuantitativo del universo a la par con los nuevos avances en las técnicas de modelos por computadora nos han llevado a transformaciones profundas en la epistemología y la cosmología científica. Desde la perspectiva postmoderna el mundo está compuesto por procesos complejos, dinámicos, interrelacionados y holísticos en lugar de proceso simples, estáticos, discretos y mecanismos atómisticos. Desde esta perspectiva el conocimiento es construido socialmente en lugar de puramente “objetivo” o ser simplemente reflejos del espejo de la naturaleza (ver Rorty 1979). Los descubrimientos científicos y tecnológicos han mostrado el puente tan estrecho entre la brecha entre la ciencia ficción y la ciencia real, entre la imaginación literaria y las sorprendentes realidades tecnocientíficas.

Existe una intensa especulación e investigación alrededor de los agujeros de gusano, los agujeros negros, los universos paralelos, las realidades de diez dimensiones, los viajes en el tiempo, la teletransportación, los dispositivos antigravedad, la existencia de vida extraterrestre, la criogénica  y la inmortalidad. Aterrizajes en la luna o en Marte, ingeniería genética o de piel, clonación, xenotransplantes , tecnologías artificiales para los nacimientos, transplantes de cabeza en animales, biónica, robótica y la eugenesia son cosas que ahora existen. Al mismo tiempo emergen preguntas muy difíciles de contestar acerca de cuántas “realidades” y “universos” pudieran existir simultáneamente, acerca de si la dinámica de la naturaleza puede ser descrita en leyes o acerca de cómo podemos definir actualmente lo que significa conocimiento científico.

En una era de exploración de lo más profundo del océano, de viajes espaciales interplanetarios, de tecnologías de comunicación electrónica y de rápidos avances tecnocientíficos algunas de las visiones utópicas más extravagantes como las de Mary Shelley, H.G Wells, George Orwell, Aldous Huxley y Philip K. Dick amenazan con estar presentes en la tecnoculura del Tercer Milenio. Es obvio que en las películas y en las novelas contemporáneas es donde los escritores y otros creadores de la cultura popular generalmente dramatizan vívidamente las ilusiones y los peligros de la aventura moderna por “controlar” la naturaleza cuando al mismo tiempo describen a la tecnociencia, al capitalismo global y lo militar como algo fuera de control.

Es en este contexto en el cual los siguientes dos capítulos exploraremos cómo las recientes revoluciones en la ciencia y en la tecnología han cuestionado numerosos conceptos, métodos, límites y dicotomías establecidas en la ciencia moderna y en su discurso provocando de esta manera muchos asuntos problemáticos para la ética, la filosofía, la cosmología, la teoría social, la identidad humana y la política. Tratando de ampliar la comprensión de la ciencia postmoderna (1997, Capítulo 5) damos más evidencia sobre el emergente paradigma postmoderno y sus relaciones con los cambios en la ciencia y en la filosofía de la ciencia.  Debemos enfatizar, sin embargo, en los cambios y en los giros que no significan necesariamente rupturas o discontinuidades y en lo que justamente la ciencia moderna anticipó a la ciencia postmoderna. El giro postmoderno en la ciencia generalmente reconstruye los temas centrales del pensamiento moderno. A la par que las perspectivas postmodernas y sus paradigmas están emergiendo en las ciencias todavía no está claramente definido lo que distingue a la “ciencia postmoderna” de la moderna. En lugar de esto las criticas y las perspectivas postmodernas están produciendo nuevas formas de entender el mundo, nuevas interpretaciones y nuevos paradigmas donde todavía las viejas concepciones positivistas de la ciencia reinan en las principales áreas de conocimiento y en las academias.

Renunciamos a los dualismos epistemológicos vulgares; también rechazamos el maniqueísmo normativo que lee a los “modernistas” como “malos” y a los “postmodernistas” como “buenos”. Ciertamente los pensadores modernos ofrecieron mapas cuantitativos y métodos que todavía guían a la ciencia por caminos útiles. Las perspectivas modernas y postmodernas tienen su propio rango de validez según los diferentes aspectos del mundo social y natural (la teoría de la gravedad de Newton y el concepto de selección natural explican algunos –pero no todos– aspectos de la naturaleza perfectamente bien). Algunos de los científicos actuales más interesantes, como por ejemplo, Stuart Kauffman, Ilya Prigogine y Brian Goodwin no son ni modernos ni postmodernos conscientemente sino que trabaja en un complejo espacio transicional: “entre” lo moderno y lo postmoderno . Más aún, ciencias como la mecánica cuántica y la teoría de la complejidad no pueden ser categorizadas ni interpretadas como modernas o como postmodernas ya que pueden ser articuladas de ambas maneras.

De esta manera, desde nuestras premisas multiperspectivas y reconstructivas, buscamos posiciones útiles desde los cuarteles de las perspectivas científicas modernas y postmodernas. Una grandiosa aventura se está desarrollando actualmente en la cual las críticas, los conceptos, las teorías y los métodos postmodernos están siendo utilizados por teóricos sociales, filósofos y científicos para promover la renovación de la ciencia como un conocimiento que aporte a la democracia, a los estudios de género y la ecología. Sin embargo debemos ser cuidadosos en cómo las ideologías dominantes, apoyadas por el Estado, la milicia o las corporaciones, continúan coartando las posibilidades de desarrollo social y natural de la ciencia y la tecnociencia. Sacudida por las críticas y las perspectivas postmodernas, la ciencia es un arduo terreno de lucha en medio de la reconstrucción y las controversias.

BIBLIOGRAFÍA

Best y Kellner. (1997). The postmodern Turn, Guilford, EU.
Buchanan, R.A. (1992). The Power of the machine: The Impact of Techology from 1700 to the Present, Penguin Books, EU.
Capra, Fritjof.(1996). The Web of Life: A New Scientific Understanding of Living Systems, Anchor Books, EU.
Czitrom, Daniel. (1982). Media and the American Mind, University of Carolina Press, EU.
Goodwin, Brian. (1994). How the Leopard Changed Its Spots: The Evolution of Complexity, Scribner’s, EU.
Habermas, Jürgen. (1984). Theory of Comunicative Action: Vol. 1, Beacon Press, EU.
Habermas, Jürgen. (1987). Theory of Comunicative Action: Vol. 2, Beacon Press, EU.

Haraway, Donna. (1997). Modest_Witness@second_Milennium: FemaleMan Meets OncoMouse: Feminism and Techoscience, Routledge, EU.
Klemm, Friedrich. (1964). A History of Western Technology, MIT Press, EU.
Schiller, Dan. (1999). Digital Capitalism, MIT Press, EU.
Wilmot, et al. (2000). The Second Creation: Dolly and the Age of Biological Control, Farrar Straus Giroux, EU.

Fuente: http://iteso.mx/~cgomez/El%20giro%20postmoderno%20en%20la%20ciencia.doc

1 comentario:

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